Dicen que toda persona, no debiera abandonar este mundo sin
haber sido padre o madre...sin haber plantado un árbol o haber
escrito un libro.
Ser padre o madre es relativamente fácil, “fabricar” un hijo
es sencillo, e incluso grato...otra cosa es criarlo y quienes sean
padres o madres saben de lo que hablo.
Plantar un árbol es otra tarea que a priori se antoja también
fácil...cavas un hoyo en la tierra, plantas como su propio nombre
indica el árbol a elegir ,tapas y riegas con agua.
Otra cosa es podarlo, fumigarlo...en definitiva:cuidarlo.
Escribir un libro si que tiene tela, como padre de cuatro hijos y
plantador de varios arboles,sin duda tengo que decir, que esta
si que es la tarea mas difícil de las tres...me explico:
Hace unos meses comencé a escribir un libro de ficción,
(entre otras cosas por que es mi tema favorito),y con mas ilusión
que tablas,con las ideas muy claras en mi cabeza de lo que,a mi
me parece una buena historia, me puse manos a la obra...
Mi objetivo, en principio no era otro que editar unos cincuenta
ejemplares por mi cuenta, para familiares y amigos.
Y empecé a escribir, un día tras otro, embalado como alma que
lleva el diablo , escribiendo,leyendo, releyendo y vuelto a releer
lo escrito, para no tener fallos de ortografía o sintaxis...y cuando
tras unas veinte paginas curradas, me surgen algunas dudas...
¿estoy escribiendo solo para mi?
¿y si esto, a lo que tanto tiempo dedico no gusta a nadie?
¿y si tanto esfuerzo resulta vano?
Como me dijo un buen escritor, Antonio Tejedor García,
ex profesor y buen amigo:
“Contar una historia de forma oral, en casa o a los amigos
tiene que ser diferente a lo escrito,la palabra en el papel no
permite la repetición inmisericorde”
Así mismo me aconseja dejar reposar un poco de tiempo lo
escrito para después corregir...
Y tenia toda la razón...cada vez que me pongo a leer lo que
tengo, le saco fallos antaño no vistos...repetición de verbos,
enumeración excesiva de pronombres, reiteración de “me,y,
pues” etc ,etc.
Lo que me lleva a tres cuestiones:
Primera:
Zapatero a tus zapatos.
Segunda:
Los escritores son cazadores de palabras.
Conocedores de todas ellas,las manejan a su antojo.
Pueden ser certeros y darte en el corazón.
Sus piezas son sus lectores.
Sus artes los sentimientos.
Y sus plumas,bolígrafos u ordenadores su munición.
Son los reyes en sus bosques de palabras.
El viento y puntería su imaginación.
Y tercera:
¿Es la escritura un don?
Un ejemplo sencillo y claro del cazador de palabras Antonio
Tejedor aconsejándome:
La palabra en el papel no permite la repetición inmisericorde...
¿¿INMISERICORDE?? Me encanta esta palabra...me deja patidifuso,
y el tío seguro que la escribió como el que oye llover.
Y esto sin duda es la grandeza que tienen los libros y sus autores,
que mas que escritores son cazadores de palabras, que nos hacen
vivir una historia y la vivimos como si fuera propia.
Cuando leo un libro, relato, periódico,o lo que sea, no puedo
evitar cuando descubro una palabra que, por su composición,
tonalidad, rareza, o por vete tu a saber el por qué, me suena
como algo celestial...y me paro en la lectura, asimilando la
palabra en cuestión, la examino,la repito en mi mente y alabo
al escritor o escritora que a obrado dicha proeza.
Las palabras están ahí...para todos igual, solo los buenos
cazadores las combinan y nos las muestran.
¡¡¡APRENDAMOS A CAZAR¡¡¡
Mi escopeta es mala,
Mi bosque de palabras matorral,
Mi puntería es un desastre,
Y mis piezas que no están.
No están por que no puedo,
Por que no puedo cazar,
Las palabras se me escapan,
y no las puedo cazar.
Si tuviera un bosque grande,
si tuviera puntería,
si pudiese cazar palabras
otro gallo cantaría.
Escribía el cazador
con palabras de miel puras
con la pluma su gatillo
disparaba escrituras.